Caigo, al suelo caigo, mas abajo, mas aun.
Mi cuerpo no reacciona, no obedece, esta paralizado, se me olvido que mi corazón
estaba parchado y que tu, con tus manos torpes, sin cuidado, lo tomaste
y lo volviste a desarmar dejándolo caer sin piedad, otra vez.
¿acaso no mirabas por donde ibas?¿te das cuenta de lo que hiciste? le grité
a tu conciencia que estaba lejos de escuchar mis palabras heridas y silenciosas.
Con mis ojos vendados y un puñal en la mano sacrifique mi corazón dejándome llevar por el filo de tus palabras.
Enterrando el puñal en mi pecho lo saque cortando las entrañas que aun lo ataban a él
y sin mirar, ignorando todas las señales que me decían que no lo hiciera, te lo entregue, otra vez.
Ahora mi cuerpo esta tirado en el suelo, mas abajo, mas aun. Me duele, me apena verlo retorciéndose de dolor, desangrándose, agonizando, ¿Cuánto mas tengo que aguantar?¿porque deje que esto pasara? tengo que salir de aquí mas no encuentro la salida, ¿Dónde estoy?¿quien soy?¿ porque a mi?, me pregunté ya medio inconsciente. Y aun así como estaba, sin mas fuerzas que mi propia voluntad me puse de rodillas, con mis manos entrelazadas y luego de un lamentoso suspiro, mirándote a los ojos y con lagrimas teñidas de sangre te rogué, que por favor no me hicieras mas daño, que la agonía del final de este amor ha sido cruel y que vivirlo dos veces seria como tirarme de un edificio de cien pisos que tuve que subir arrastrando.
Mas tú, como si mis palabras fueran mudas, sin cargo de conciencia, volviste a meter el puño en la herida en donde antes estaba mi corazón.
Desobedecí todas las ordenes que me decían que no eras buena para mi y caí en la trampa, se me olvido que por ti perdí kilos, grasa y masa muscular, que se me durmieron las neuronas y mis manos se volvieron inútiles. Que perdí la capacidad de pensar y de valerme por mi misma. Te deje entrar otra vez y me congelé en ideas imposibles y absurdas que tu alimentaste sosteniendo mi esperanza, haciéndome ganar la batalla para luego derrotarme como a un soldado sin espada y sin escudo, y finalmente, escapar triunfante a celebrar en los brazos de otra, que quizás, no ha sacrificado ni la mitad de lo que he perdido yo, por amarte.
Mi cuerpo no reacciona, no obedece, esta paralizado, se me olvido que mi corazón
estaba parchado y que tu, con tus manos torpes, sin cuidado, lo tomaste
y lo volviste a desarmar dejándolo caer sin piedad, otra vez.
¿acaso no mirabas por donde ibas?¿te das cuenta de lo que hiciste? le grité
a tu conciencia que estaba lejos de escuchar mis palabras heridas y silenciosas.
Con mis ojos vendados y un puñal en la mano sacrifique mi corazón dejándome llevar por el filo de tus palabras.
Enterrando el puñal en mi pecho lo saque cortando las entrañas que aun lo ataban a él
y sin mirar, ignorando todas las señales que me decían que no lo hiciera, te lo entregue, otra vez.
Ahora mi cuerpo esta tirado en el suelo, mas abajo, mas aun. Me duele, me apena verlo retorciéndose de dolor, desangrándose, agonizando, ¿Cuánto mas tengo que aguantar?¿porque deje que esto pasara? tengo que salir de aquí mas no encuentro la salida, ¿Dónde estoy?¿quien soy?¿ porque a mi?, me pregunté ya medio inconsciente. Y aun así como estaba, sin mas fuerzas que mi propia voluntad me puse de rodillas, con mis manos entrelazadas y luego de un lamentoso suspiro, mirándote a los ojos y con lagrimas teñidas de sangre te rogué, que por favor no me hicieras mas daño, que la agonía del final de este amor ha sido cruel y que vivirlo dos veces seria como tirarme de un edificio de cien pisos que tuve que subir arrastrando.
Mas tú, como si mis palabras fueran mudas, sin cargo de conciencia, volviste a meter el puño en la herida en donde antes estaba mi corazón.
Desobedecí todas las ordenes que me decían que no eras buena para mi y caí en la trampa, se me olvido que por ti perdí kilos, grasa y masa muscular, que se me durmieron las neuronas y mis manos se volvieron inútiles. Que perdí la capacidad de pensar y de valerme por mi misma. Te deje entrar otra vez y me congelé en ideas imposibles y absurdas que tu alimentaste sosteniendo mi esperanza, haciéndome ganar la batalla para luego derrotarme como a un soldado sin espada y sin escudo, y finalmente, escapar triunfante a celebrar en los brazos de otra, que quizás, no ha sacrificado ni la mitad de lo que he perdido yo, por amarte.
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